Buscar
  • Adriana Budich

¿Arte o mercado?

Salvatore Garau demarca una escultura en una plaza y la titula “Yo soy”, es una obra intangible, invisible, únicamente delimitada por una cinta. Y lo primero que aparece en las noticias es que se vendió en 15.000 euros, evidentemente esa no debería ser la noticia. No hubo una reflexión anterior para pensar que nos está queriendo decir Garau.

Salvatore Garau, plaza.

Joyce en el Ulises decía que los objetos no dejan ver.


Lo que interpreto es que pretende generar una reflexión acerca de que, si somos un campo bioenergético, ¿qué es lo que hacemos con eso más allá del Principio de incertidumbre de Heisenberg? ¿Podemos llenar ese vacío con el silencio interior?


Nos exteriorizamos en el consumo, en los objetos/fetiche sabiendo lo que implican y el abuso social que existe detrás de todo eso, o bien en consumir imágenes una tras otra, solo para espiar que hacen los otros que no nos cuentan la vera historia sino un cuento de felicidad y desparpajo.


Es similar a la banana de Maurizio Cattelan aunque lo que impide en ambos casos pensarlo bien es la intervención del mercado y la información malintencionada sin tiempo para pensar y con la instantaneidad, a la que nos tiene acostumbrados la época, el IG, la vertiginosidad, el “quiero ya” y rápidamente ver lo siguiente.


Los museos con el tiempo serán digitales, el tiempo es una flecha lanzada hacia el futuro, la pandemia dio un volantazo a la historia. Son edificios costosos para los estados y la ausencia de público los está haciendo insustentables. Sumado a la virtualidad del 3D.


Pero, ¿qué historia contarán los museos acerca de la evolución del hombre? ¡Justamente ésta! La de Salvatore Garau.


¿A dónde se ha llegado y que se ha necesitado para volver a ser? El arte tiene voz, nos obliga a una reflexión más allá del mercado, más profunda. Es el grito de Munch del siglo XXI, clara expresión de la angustia existencial. Ese vacío al que refiere Garau, es el vaciado que nos produjo la tecnología, un vaciado de nuestro mundo simbólico. Obviamente es una metáfora. Para hacer historia los artistas ya han protestado contra la sociedad de consumo que hoy quedó al descubierto y donde nos ha llevado.


En Netflix se puede ver una película que se llama “I am” que habla de lo mismo, de lo esencial, de volver al origen, de poder saber quien uno es al margen de esta confusión a la que nos arrastra el éxito. El regreso a la intimidad en lugar de la extimidad, a la autoreflexión, a la naturaleza y al sí- mismo.


La historia le es creada a cada uno según los algoritmos de sus búsquedas en Google, según el data mining que adivina las correlaciones que quedan ocultas en la percepción humana, el libre albedrío queda anulado, somos personajes de un escenario ajeno.

O será una historia de likes y followers sin importar lo que importa, sin conciencia ni mundo simbólico…


Un entramado que Google/Gurú maneja sin pensar, sin sentir y sin emocionarse.

O será que más allá del mercado y de la crítica fácil no nos podemos poner a pensar que pasa con nosotros, que ha pasado con la sociedad, con la política, la religión y el mercado que nos han expulsado de nuestros propios cuerpos, de nuestros propios deseos, que nos han alienado en un mundo individualista y egocéntrico.


Tanto Maurizio Cattelan como Salvatore Garau expresan ese reclamo imperioso, de poder detenerse a pensar y a sentir lo que sentimos.

Y recordemos el antecedente del Vivo-dito de Alberto Greco.


Es más fácil entretenerse.




Lic. Adriana Budich

89 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo