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Benito Laren 

Alberto (12 -1 -1962), hijo de un plomero y una modista , se crió en el bucólico barrio Don Bosco de los arrabales de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Egresó del colegio industrial en 1983 como técnico químico. Al año siguiente, ingresó a trabajar en la fábrica SOMISA. Para aliviar el encierro de su lugar de trabajo inventó una ventana, la dibujó. No era la primera vez que dibujaba algo, porque tenía una destreza innata, pero esa ventana / cuadro le demostró que dibujando y pintando podía escaparse de los límites que le imponía una vida provinciana.

Su intención, desde que tuvo conciencia, fue ser famoso y rico. 

Pintando cuadros quizá lo lograría. Entonces, inventó a Benito Laren, y una biografía nueva que sitúa sus orígenes en el planeta Marte. Con el tiempo se agregaría Eu(n)genio como segundo nombre. Rechazado en todos los salones o concursos de pintura a los que se presentó, los trabajos del Marciano despertaron el interés de quién dirigía en esa época la galería del Centro Cultural Rojas, Jorge Gumier Maier, que le organizó una muestra. El día de la inauguración se apenó de que no hubieran concurrido el entonces presidente Carlos Menem, Mirtha Legrand y Susana Gimenez pero impactó a los artistas que hoy son reconocidos como "la generación del Rojas". Con la privatización se acogió al retiro voluntario, e invirtió sus ahorros en un viaje iniciático a NUeva York. Una médium le predijo su consagración como artista. No ocurrió. Al año regresó sin un peso y deudas a la casa de sus padres. Hizo changas y se inventó una nueva actividad de desproporcionadas expectativas para enriquecerse: buscar tesoros. Partició de varias expediciones y llegó a comprarse un detector de metales. Nunca encontró nada, pero se divirtió mucho, especialmente en la que hizo al Paraguay.

No creo que a la fecha haya llegado a ser el famoso y rico que siempre quiso ser, pero su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas en el país y en el extranjero. Si bien la estrategia de inserción en el medio de las artes visuales que inventó siempre fue extravagante, se convirtió, pese a él, en un referente inedulible del arte contemporáneo argentino.

 

Gustavo A. Bruzzone